Agua en el mediterráneo

. domingo 11 de diciembre de 2011

La reciente victoria del PP en las generales, abrió la incógnita de si el PP retomaría el trasvase del Ebro. Lo que ya es costumbre es que a esa pregunta —como a toda pregunta que se le haga— no tengamos una respuesta del político gallego que será el próximo presidente del gobierno.

La polémica del agua queda lejos ya. Cuesta recordar aquel día de 2003 en el que la Generalitat, las Cortes valencianas y las diputaciones provinciales, todas ellas gobernadas por el Partido Popular—aún merodeaba Zaplana— se gastaron la no desdeñable cantidad de 1,7 millones de euros en una manifestación para apoyar el trasvase del Ebro. Con 120.000 raciones gratuitas de paella y autobuses gratis para atraer “manifestantes”.

En aquella época el PP no se enfrentaba a Zapatero, pues aún no era el presidente, sino a los manifestantes “sin paella ni autobús” de Aragón y Cataluña, que pedían la derogación del trasvase del Ebro.

Con la victoria socialista, el proyecto del gran trasvase se derogó y se propuso una solución alternativa a la sequía en el litoral mediterráneo mediante desaladoras y minitrasvases entre cuencas, el llamado programa AGUA.

La respuesta del PP fue contestada con campañas publicitarias encubiertas bajo una supuesta fundación pero a costa del contribuyente, y como todo en la Comunidad Valenciana, sin saber cuánto pagaron y quienes se beneficiaron. La supuesta fundación también se gastó el dinero que recibía de subvenciones y de alguna caja valenciana —de esas que hoy ya no tenemos— en manifestaciones, exposiciones itinerantes y conferencias.

Del plan de Zapatero se dijo que iba en contra de los intereses de los valencianos, que según el PP el interés de los valencianos debía ser otro que hacer frente a la amenaza de la sequía, y se calificó a las desaladoras de plantas nucleares del mar, lo dijo González Pons.

Por entonces, con el tripartito catalán y la catalanofobia que se instauró gracias al PP —boicot al cava catalán y productos catalanes incluidos—la postura del Consell no cambió e hizo todo lo posible por torpedear el plan de las desaladoras.

A pesar del boicot —cuántas cosas han boicoteado estos años— el Gobierno de España invirtió hasta 550 millones de euros en obras hidráulicas en el mediterráneo, con la puesta en marcha de las primeras desaladoras. No obstante, retrasos en licitaciones o permisos han hecho que casos como el de la mayor desaladora de Europa, la de Torrevieja, y que no ha sido puesta en marcha aun estando terminada, no sean infrecuentes.

Ahora las tornas han cambiado. El PP gobierna todo y el trasvase del Ebro le parece algo caro, que depende del caudal del Ebro que no se puede controlar, con mayor impacto sobre el ecosistema que hace ocho años y no le parece tan mal la puesta en marcha de las desaladoras que estaban bloqueadas por la Generalitat valenciana o gobiernos locales del PP.

Con todo lo llovido —o poco, más bien—, llama la atención la responsabilidad que se le atribuye hoy en un periódico conservador regional a Zapatero y que se pase por alto todo lo acontecido a nivel de la política regional. El diario Las Provincias carga contra la “imposición” de Zapatero del programa AGUA, atribuye los retrasos a los precios altos del agua desalinizada y al rechazo de los agricultores a esa agua. Sobre Torrevieja dice que “el Gobierno no ha negociado con la Generalitat que le conceda el permiso”. Nada dice el artículo del interés de la Generalitat por la política del agua, de lo que deduzco que ha sido ninguno. Y de artículos como el que firma J. Bautista uno se pregunta, ¿de qué sirve la Generalitat si sólo sabe pagar paellas gratis para reclamar agua? ¿No hace nada más? ¿No tiene más cometidos?